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Entrevistes

“Lleida tiene que creerse que es aún la California catalana”

Explicador de cosas, rompemitos y recuperador de parte de la historia catalana. Así es Francesc Canosa, periodista y escritor al que le gusta equiparar Cataluña con un gran iceberg del que solo se otea la puntita. “La historia de este país está sumergida”. Quiere que salga a flote y por ello presenta “L’imperialisme dolç”, su último libro que habla de tierra, de fruta, de Franquismo y de sus planes para igualar una España desigual y acabar con una Cataluña emprendedora que miraba a Europa. Por Àlvar Llobet

¿Qué era el Plan Badajoz?

El Franquismo al rescate de la zona más pobre de España. En 1945 el general Franco hace lo que para mí es el viaje más importante de la dictadura. Llega a Extremadura para redimirla y equipararla con el resto de comunidades e incluso con las más ricas como Cataluña. Empezó en 1953 y terminó en 1965 a razón de 7.000 euros diarios que se destinaban a obras hidráulicas, electrificación, urbanización de municipios… yo lo considero la semilla del tan conocido “café para todos” de la democracia.

¡Una sociabilización de la tierra como pretendía la república!

¡Exacto! Y además Franco lo consigue. España tenía, y tiene aún, un problema de concepto con la tierra ya que su modelo es caciquil, de latifundismo. Para más inri, había zonas como Cataluña que miraban a Europa, que tenía voluntades expansionistas trabajando en red gracias al minifundismo, gente que iba por su cuenta. Había que parar de alguna forma con estas dos velocidades y la solución fue la igualación. España, toda rica o toda pobre.

Eran los payeses de Lleida…

Sí. Los emprendedores. Los que ya en el año 1957 hacen de la fruta el primer golpe de liberalización español al exportarla a Europa siguiendo el sueño que décadas atrás ya se había apropiado de los payeses catalanes mediante la Mancomunitat catalana, que organizó y gestionó Cataluña como si fuera un estado. El sueño se llamaba imperialismo dulce, es decir, alimentar Europa y el mundo equiparándose con California. ¡Lleida quería ser la despensa de Europa! Y tenía todo el potencial para hacerlo mientras España se encerraba en si misma con la autarquía. Ésta es la primera fase que cuento en el libro: Cataluña se pone en el mundo.

La fruta demostraba pues una independencia catalana que Franco vio peligrosa y quiso diluirla. ¿Es así?

La segunda fase que se explica en “L’imperialisme dolç” es las voluntades del régimen de comerse Cataluña. El dictador se inventó en 1967 un nuevo mapa español donde Lleida no figuraba en Cataluña sino en una supuesta “región natural” que abrazaba también Alaba, la Rioja y Navarra. Esta nueva organización geográfica, muy poco conocida, llegó incluso hasta los libros de texto de los alumnos de la época. Se evidenciaba que el modelo español era el de dislocación y amputación.

¿El modelo frutícola de Lleida era un espejo para el franquismo?

Lleida era en este sentido la vanguardia del país equiparable al resto de zonas europeas. Payeses leridanos ya habían ido a principio de siglo a instancias de la Mancomunitat a América para tomar buena nota de la producción de fruta. Se hacían las cosas muy bien, se tenía visión y se trabajaba mucho. El régimen quiso hacer lo propio con las zonas pobres como Extremadura.

Pero Extremadura no es Lleida…

¡Ahí está! Extremadura es tierra de secano y se pretendía cambiar este paisaje por el de regadío que permitiera producir frutas. Al margen, había el concepto de trabajo, tremendamente jerarquizado, de miserabilidad y sin que los payeses tuvieran el conocimiento necesario para hacer rendir nuevos terrenos. Era imposible una equiparación exacta. Como decía Marius Torres, “La terra no sabrà mai mentir”.

¿Fracasó el Plan Badajoz?

Lo hizo a medias. Es cierto que muchas tierras y empresas no lograron sus objetivos, pero no lo es menos que durante los años del plan se construyeron equipamientos y presas. De hecho, hubo payeses que llegaron a Extremadura para hacer rendir las tierras una vez éstas quedaron abandonadas. ¿Quienes eran? empresarios de Lleida, que hicieron cambiar el software mental de los trabajadores de la zona. Ésta es la tercera fase del libro. Después del sueño imperialista y del intento de anorreamiento por parte del Franquismo, Lleida renace de nuevo para dar alimento a España.

¿El modelo agrícola español es de base catalana?

Sin duda. Aunque hay que destacar que Cataluña siempre ha ido muy por delante del resto de zonas españolas por su buen hacer comercializador y evidentemente su enclavamiento geográfico. Y es que hay que tener en cuenta que Cataluña hizo la revolución industrial cuando tocaba y no en mitad del siglo XX cuando lo hizo España. Era la cultura del brillo, de la constancia, de perseguir la zanahoria.

¿Se han perdido actualmente estos valores?

Hemos cogido la zanahoria, nos la estamos comiendo y, claro, nos hemos parado. Nuestra cultura ha sido siempre la del esfuerzo individual ya que cuando implosionaron los estados-nación no tuvimos oportunidad de ser. Nuestro modelo se asemeja mucho al norteamericano. Venimos de la cultura de la masías, del trabajo en red, del ayudarse… todo esto ha cambiado actualmente en nuestra sociedad. ¡Hemos sociabilizado la estupidez! Antes queríamos dar de comer al mundo y ahora queremos que nos den de comer.

¿Volveremos a luchar? ¿Volveremos a sufrir? ¿Volveremos a vencer?

Volveremos a plantar, a recoger y a vender! no queda otra porque ¿qué haremos cuando el burro se haya comido toda la zanahoria? Cataluña tiene que volver a la senda de este modelo de esfuerzo individual nada egoísta y alejarse de esta pseudosociedad que sí lo es. Siempre que nuestro país ha tenido cuotas de libertad ha despegado. Hay que volver a hacerlo.

Usted dice que hay una Cataluña real sumergida, no explicada…

Nuestro guión es la historia y no la sabemos explicar ni tenemos los mecanismos para hacerlo. Cataluña ha puesto siempre por delante la épica a la realidad. Contamos el 14 de abril, el 6 de octubre… pero ¿qué hay más allá? En este sentido vamos al revés de los americanos, que primero hacen la guerra y después la épica. El principal problema que tenemos es que no somos un país libre, y por lo tanto siempre hemos tenido que jugar la liga del simulacro.

En su libro se ve el inmenso potencial que tiene Lleida. Ahora mismo no hay esta sensación que lo tenga ¿Por qué?

Lleida tiene que creerse que es aún la California catalana. Somos tierra y tendríamos que ir hacia el expansionismo como antaño. Hay, no obstante, un problema de miopía en la sociedad leridana, que no tiene la capacidad de ver más allá.

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2 thoughts on ““Lleida tiene que creerse que es aún la California catalana”

  1. Amb la darrera pregunta tens tota la raó del món.

    Posted by Pau | 27/11/2011, 19:24
  2. Estupendo!!!!!!

    Posted by DANY | 28/11/2011, 19:13

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